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martes, 14 de noviembre de 2017

MITOS SOBRE LA DIABETES (PARTE II)

“La obesidad o sobrepeso son las causas de la diabetes tipo II”
Lo cierto es que estos solo son dos factores de riesgo, pero hay muchos otros como los antecedentes familiares, la raza y la edad. Aunque sí que es verdad que el sobrepeso aumenta el riesgo de padecerla, muchas personas con sobrepeso no tienen diabetes tipo 2 y muchas otras que sí la padecen tienen un peso normal.

“Los diabéticos solamente deben comer alimentos especiales para ellos”
Esto no es cierto, ya que un una las condiciones que debe tener una dieta diabética para que sea saludable (al igual que para una persona no diabética) son: ser baja en grasas (sobretodo grasas saturadas y trans), consumo moderado de sal y azúcar, vegetales, fruta y granos integrales. Por otra parte, sí que es cierto que existe comida especial para diabéticos, pero en general no ofrece ningún beneficio extra, ya que eleva de la misma forma la glucemia.

“Los diabéticos no pueden comer dulces”
Los dulces no están prohibidos para una persona con diabetes, ya que sí que pueden consumir cierta cantidad de estos siempre que forme parte de un plan de alimentación saludable y equilibrado, en combinación con ejercicio.  Además, no debemos olvidarnos de que los diabéticos han de controlar siempre la cantidad total de hidratos de carbono que ingieren.

“Si se tiene que incrementar la dosis de insulina es porque la diabetes ha empeorado”
Esto es falso, ya que la dosis de insulina ha de adaptarse continuamente para ser efectiva, puesto que hay muchos factores que pueden variarla como el momento del día, la dieta, el ejercicio físico y la edad.

Para conocer estos y otros mitos sobre la diabetes pincha aquí 


domingo, 12 de noviembre de 2017

¿QÚE ES EL TABACO?

El género de planta Nicotiana abarca más de 50 especies, entre las que se encuentra la Nicotiana tabacum, cuyas hojas son las que se comercializan y consumen. Estas especies tienen su origen en América, concretamente en la zona de Perú, y se trajeron a Europa en el siglo XVI tras la colonización.

En su origen, el tabaco se consumía de muy diferentes formas: inhalando el humo producido por la combustión de sus hojas, aspirándolo por la nariz o incluso untándolo por el cuerpo o en los ojos en forma de gotas. En la actualidad, el tabaco se fuma.

Las hojas de tabaco contienen nicotina, que es un alcaloide que produce adicción y el cual, en dosis muy altas, puede ser incluso letal. Tiene efectos adversos en la salud del ser humano, por lo que debe evitarse. Pero además, la mayoría de los fumadores consumen cigarrillos ya preparados, los cuales contienen muchas más sustancias que son más peligrosas que la nicotina, y es en ellas en donde reside el peligro de fumar.

Algunas de estas sustancias se utilizan para otras actividades de la vida diaria como detergente, disolvente o antipolillas. Si una sustancia es capaz de quitar pintura oleosa, ¿qué no podrá hacer en el interior de nuestro organismo?

SI ES TAN MALO, ¿POR QUÉ NO SE PROHIBE?

Fumar mata. Lo hemos oído hasta la saciedad. Entonces, ¿por qué se sigue romantizando a los fumadores, dándoles esa estampa bohemia? Tanto desde el cine como desde la publicidad, nos están invitando, desde bien jóvenes, a fumar, dando a entender que eso nos va a hacer más atractivos socialemente. Eso no es el tabaco. El tabaco es mal olor, problemas respiratorios, levantarse por la noche para toser, dejarse un dineral en cajetillas, cáncer de pulmón, de boca, de faringe, y un largo etcétera.

Sin embargo, a mucha gente le interesa que esto no se sepa; hay muchas influencias detrás del tabaco. La industria tabaquera mueve millones de euros al año, y eso le interesa a todo el mundo, incluso al Estado, que gana millones con los impuestos provenientes de la venta de tabaco.

De ahí que estas industrias incluso hayan pagado estudios que hablen sobre los BENEFICIOS de fumar. Un ejemplo de ellos es el vídeo que os dejamos a continuación. 


Por eso es importante la educación, sobre todo en los más jóvenes, que sepan los peligros que tiene fumar. Y aquí es donde interviene la labor de los padres, profesores y, cómo no, los sanitarios, empezando por dar ejemplo.